¿Los alimentos funcionales mejoran nuestra salud?

Introducción

Los alimentos funcionales surgieron en Japón como una manera de mejorar la salud de la población, intentando aportar a parte de nutrientes, funciones fisiológicas beneficiosas para el organismo. Es en este momento, cuando la industria alimentaria tiene oportunidades únicas de desarrollar productos que no solo son nutricionales en el sentido tradicional. Si no que tienen una actividad adicional que puede conducir a una mejora del estado de salud y bienestar y/o de reducir el riesgo de enfermedades. A nivel teórico suena muy bien, pero la aplicación práctica de los alimentos funcionales en la sociedad deja mucho de desear. En este blog podrás descubrir la verdad sobre si los alimentos funcionales mejoran nuestra salud.

La teoría de los alimentos funcionales

La FUFOSE (Functional Food Science in Europe) define los alimentos funcionales como:

  • Alimento con una o mas funciones específicas beneficiosas para el cuerpo, más allá de los efectos nutricionales adecuados. Es decir, de una manera relevante para mejorar el estado de salud y bienestar y/o reducir el riesgo de enfermedades.
  • Alimento que se quede en alimento y no se convierta en una pastilla, una cápsula ni en ningún otro tipo de suplemento dietético.
  • Alimento que tiene que conseguir sus efectos en las cantidades que normalmente se consumen en una alimentación, consumido como parte de un patrón de alimentación normal.

En resumen, los alimentos funcionales son aquellos que proporcionan un efecto beneficioso para la salud más allá de su valor nutricional básico. No constituyen un grupo de alimentos como tal, sino que resultan de la adición, sustitución o eliminación de ciertos componentes a los alimentos habituales. No sólo incluyen los productos envasados, sino también ciertos alimentos tradicionales (aceite de oliva, tomate, legumbres…) que contienen componentes con otras propiedades beneficiosas para la salud. 

Tienen que ser consumidos en una alimentación normal y contienen componentes biológicamente activos que ofrecen el potencial de mejorar la salud y/o reducir el riesgo de padecer enfermedades. Su principal objetivo es ayudar al consumidor a conseguir las ingestas dietéticas recomendadas y a revertir las deficiencias de nutrientes en los países del tercer mundo.

Declaraciones en las etiquetas nutricionales

Los alimentos funcionales los diferenciamos de los convencionales, porqué contienen declaraciones en las etiquetas. Estas etiquetas mandan mensajes a los consumidores que influyen drásticamente en la elección de los alimentos. Sin embargo, estos mensajes no son limpios ya que no están controlados ni orientados para proteger a la población general. Podemos encontrar dos tipos de declaraciones en una etiqueta: las declaraciones de salud y las nutricionales.

Una declaración nutricional afirma que ese alimento tiene unas propiedades nutricionales beneficiosas. Todas son relativas al alimento y a su composición. Algunos ejemplos son: “bajo en grasas”, “sin azúcares añadidos”, “alto contenido en fibra” … Podemos decir que los criterios de estas declaraciones son claros y están bien definidos. Sin embargo, no es un método perfecto ya que son confundidas por el consumidor, considerando el producto como saludable.

Las declaraciones de salud son aún más confusas ya que las empresas buscan incorporarlas en sus etiquetas para aumentar las ventas. Son aquellas frases que relacionan los alimentos con nuestra propia salud. Es decir, un alimento específico mejora nuestra salud o reduce el riesgo de una enfermedad en particular. Algún ejemplo es “ayuda al normal funcionamiento de las defensas del cuerpo”.

La práctica de los alimentos funcionales

La industria alimentaria está realizando una fuerte inversión en el desarrollo de este tipo de productos, que se refleja en el aumento de su presencial en los supermercados. Esta presencia surge como respuesta a una creciente preocupación de la población por tener una alimentación adecuada y por la creciente asociación entre la alimentación, la salud y la belleza.

Uno de los puntos débiles de la venta de alimentos funcionales es la ausencia de una normativa que aclare qué pueden anunciar o alegar los fabricantes acerca de sus productos frente al consumidor, ya que sólo algunos aportan estudios de investigación. Por este motivo, es imprescindible separar los productos que tienen probada su eficacia de los que son un fraude.

Fraudes de las industrias alimentarias

  • Añaden al alimento la cantidad necesaria de nutrientes solo para usar una declaración de salud. Esto significa que pueden convertir un alimento malsano con declaraciones falsas para que los consumidores piensen que es sano.
  • Utilizan declaraciones de salud que rozan el límite para que nos quede grabado su efecto, aunque no esté probado. Es decir, nos quieren dar a entender los efectos saludables de un alimento de manera indirecta, aunque no los tenga. No son declaraciones prohibidas, pero no se deberían permitir porqué se considera publicidad ilícita y engañosa.
  • Cambian directamente el nombre comercial del producto, poniendo el que les apetece. Esto es un ejemplo que de a pesar de tener un marco legal que regula el etiquetado nutricional, si no se actúa con firmeza, siempre se encuentra el método para acabar engañando a la población.

¿Los alimentos funcionales mejoran nuestra salud?

Por un lado, tenemos que seguir luchando en contra de las industrias alimentarias para desmentir que los alimentos funcionales pueden llegar a ser más saludables que los alimentos convencionales. Este es un error que resulta muy difícil de resolver ya que la percepción de que un producto se haya diseñado para una finalidad parece ser prioritario, por encima de todo. Esto es un ejemplo de mala comunicación, legislación, publicidad y práctica diaria, que dificulta la elección responsable de los alimentos. Es por este motivo que, es indispensable la exigencia de una legislación que obligue a este tipo de alimentos a demostrar sus beneficios a través de evidencias científicas razonadas y razonables.

Por otro lado, tenemos que escuchar solo a los profesionales bien entrenados en nutrición para evitar cualquier tipo de mensaje engañoso, ya sea por parte de personas no expertas o publicidad ilícita. Hay que tener claro que no siempre un nutriente ni un solo alimento desarrolla fantásticas mejoras en nuestro cuerpo a pesar de que lo diga una etiqueta. Sin embargo, hay algunos alimentos funcionales que mejoran nuestra salud ya que contienen nutrientes muy beneficiosos. Por este motivo, es preferible leer la lista de los ingredientes y valorar nosotros mismos, sin ser engañados por las declaraciones. Cabe recordar que con una alimentación saludable y completa que prioriza el consumo de alimentos de origen vegetal no es necesario tomar ningún tipo de alimento funcional. Es preferible corregir la alimentación y mirar dónde hay errores, que tapar estos errores con alimentos funcionales.

¡Sal de dudas y descubre la verdad sobre otros mitos de la alimentación en otras entradas del blog!

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